Tesoro Perdido

Con las tensiones y riesgo de guerras entre algunos países, los analistas pronostican un buen año de ahora en adelante, con base en la recuperación de la economía mundial. La coyuntura económica internacional ha mejorado y por lo tanto las coyunturas nacionales se benefician. Con expectativa de más dinero en la cuenta bancaria nosotros nos animamos y pensamos que el futuro está garantizado.

Jesús nos enseñó que más importante que tener tesoros en la tierra es tener tesoros en el cielo. Conforme el maestro, nuestro horizonte de futuro no debe limitarse a este mundo, pero debe principalmente vislumbrar la eternidad, así como nuestra mirada no debe enfocar solamente en las cosas materiales, pero sí especialmente en las espirituales.

No hay pecado en querer mejorar de vida, comprar una casa más grande, adquirir un auto mejor o vestirse bien. El problema está cuando esas cosas se tornan más preciosas que las cosas espirituales, cuando priorizamos lo material y pasajero sobre lo espiritual y duradero, buscando nuestro bienestar en detrimento de los otros.

Por lo tanto, la comprensión que tenemos sobre espiritualidad es determinante y tiene que ser clara.  Jesús la resumió como amar a Dios sobre todas las otras cosas y amar al prójimo como a sí mismo. Cuando ponemos a Dios en primer lugar y a los otros seguido puede parecer que quedamos atrás, pero la bendición es que cuando lo hacemos pasamos a ser el blanco también de otros que aman al Señor en primer lugar y nos aman a nosotros como a ellos mismos.

El dicho africano lo define bien: “solos, vamos más rápidos, pero juntos, vamos más lejos”. La realidad es que al poner a Dios en primer lugar nos vemos parte de una comunidad que también lo hace y nos ama y cuida de manera sincera y desinteresada. ¡Ese es el verdadero tesoro que puede garantizar que en este año y en adelante sea muy bueno independiente de cuánto dinero tenemos en nuestra cuenta bancaria!

¿Cómo expresas tu amor a Dios y al prójimo? ¿En qué circunstancias te dejas amar por tu prójimo?

(Tesoros en el cielo, Mateo 6:19-21 – Verdadera espiritualidad, Lucas 10:25-28)

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